Indignada... sí, porque siempre somos los mismos los que pagamos los platos rotos... indignada, porque cuando estaba la burbuja inmobiliaria, mi calidad de vida era muy limitada, ya que gracias a los que se enriquecieron en esos años a costa de la subida desorbitada, y de las necesidades de una vivienda del resto, subieron los precios de todo: del pan, la leche, los artículos de primera y segunda necesidad... De la vivienda ya ni hablamos... Tuve que conformarme con los 65m2 de mi quinto sin ascensor cuando me fui a Madrid a vivir, porque no podíamos permitirnos otra cosa, mientras que amigos, conocidos y familiares que se dedicaban a la construcción o al sector servicios se podían meter en casas enooooormes, chalets de 3 plantas o pisos en unas zonas inmejorables... y por supuesto, con sus correspondientes hipotecas desorbitadas...
Ahora... seguimos teniendo esa calidad de vida precaria, porque gracias a esas personas que se enriquecieron durante esos años, gracias a esos amigos, conocidos o familiares que ahora están engrosando las listas del paro y que no dejan de recibir ayudas mientras están en casa rascándose los güivis, mi marido sigue yendo a currar todos los días(para muchos, qué envidia, no?) y con su sueldo sigue pagando las ayudas de esas personas. Esas que durante esos años de bonanza cobraban en un mes lo que un funcionario público en tres o cuatro meses, esas que había más coches en casa que miembros en la familia... esas que podían permitirse salir a comer todas las semanas, o ir de tiendas cada vez que se le antojaba...
Hoy no tengo ganas de hablar de lanas, lo siento. Hoy me siento tan enfadada con el estado español y la administración pública, que poco más me queda de qué hablar.
Aquí os dejo un recorte de opinión que recibí hace un par de meses, y que comenta muy bien todo lo que yo quiero expresar, y que no soy capaz.

Besotes











