Después de casi dos semanas esperando la orden de la Junta de Andalucía, hoy ha llegado, y en poco menos de dos horas, hemos pasado de tenerlo por casa, con sus babas, sus pelos, sus ladridos, sus caricias... ya no hablemos de su compañía, cariño... a su total ausencia de este mundo.
Portos era un boxer de casi siete años. Lo adoptamos al nacer, pues como su mamá no dijo que esperaba familia, cuando quisimos darnos cuenta, estaba a punto de dar a luz cinco cachorritos... todos preciosos... cuatro perritas y un perrito. Poco a poco se fueron colocando, se les fue buscando su sitio a cada uno... pero el perrito nadie lo quería... y claro, ya casi un mes que tenía, y empezaba a destetarse... puff!! una boca más en esta casa perruna... Así que el pariente y yo, nos liamos la manta a la cabeza, y lo trajimos a casa. Le hicimos hueco en nuestro piso de 65m2, en nuestro sofá y si me apuras, hasta en nuestra cama. Poco a poco nos fue dando muchas alegrías, aunque también, de vez en cuando, hacía alguna de las suyas, como romperme casi todos los zapatos, o la ropa interior... jajaja!! Pero se le pasó a la que se iba haciendo mayor. Con el tiempo, fue madurando, aunque su carácter cachorril y nervioso no lo perdió nunca. Era alegre, juguetón y cariñoso. Cuando nació el peke, lo acogió en casa como uno más, hasta me lo cuidaba cuando lo tenía dormidito en la cuna(solía echarse debajo de la cuna, y me avisaba cuando el niño se empezaba a remover). Pero como nos pasa a todos, con la edad se nos va a griando el carácter, nos volvemos desconfiados y vamos cogiendo miedos que, aunque sabemos que no existen, los hacemos nuestros. Y si le añadimos que nos ponemos enfermos... va a peor. Y después de varias situaciones comprometidas, hace unos días, nos dieron un diagnóstico. Gracias a que en los animales se permite la eutanasia, esto no ha ido a más, y no ha sufrido, ni él, ni nosotros, más de lo necesario.
Solo me queda darte la despedida que te mereces, y que no hemos podido darnos. Siempre te voy a llevar conmigo, mi niño, nunca olvidaré todo lo que me has dado, las alegrías que hemos vivido contigo, las tardes y paseos por el campo, los progresos en la escuela canina, tus besos, caricias... Pero ya terminó todo. Ya estás en tu cielo, todo lleno de perros, jugando, saltando, con un sofá para tí solo y sin una dueña que te eche cada vez que te ve montado. Con una cama enooooorme para tí, para que duermas tus siestas cada vez que te apetezca, y un parque infinito donde correr y jugar con todos esos amigos que te están esperando. Quiero pensar que es asi, aunque no sea verdad, quién sabe... Pero al menos, me duele un poquito menos imaginar tu ida de esta forma.
Sólo me queda decir, con un nudo en la garganta, D.E.P.















